En dos colinas al sur de Tiflis, en la actual Georgia, unos agricultores del Neolítico enterraron varias tinajas de barro para mantenerlas frescas. Miles de años después, esas tinajas iban a reescribir la historia de una de las relaciones más largas entre el ser humano y una fruta.
Corría el año 2017 cuando un equipo dirigido por el arqueólogo Stephen Batiuk, de la Universidad de Toronto, analizó fragmentos de cerámica hallados en los yacimientos neolíticos de Gadachrili Gora y Shulaveris Gora. En los residuos encontraron ácido tartárico —la huella química característica de la uva— junto con ácido málico, succínico y cítrico. La datación situaba aquellas tinajas hacia el año 6000 a.C.: unos 8.000 años de antigüedad, entre 600 y 1.000 años antes de lo que se aceptaba hasta entonces como el origen más temprano del vino. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, convirtió al Cáucaso en la cuna documentada de la vitivinicultura.
Probablemente todo empezó por accidente: racimos guardados en una vasija, levaduras silvestres posadas en la piel de las uvas, un poco de calor y tiempo suficiente para que la fermentación hiciera el resto. De aquel accidente feliz nació una industria que hoy mueve continentes enteros, alimenta tradiciones familiares —como las doce uvas de Nochevieja— y sostiene la economía de miles de pueblos vitivinícolas.
De Mesopotamia a tu frutero
Un viaje de ocho milenios contado en hitos
Hacia el 6000 a.C. — Las primeras evidencias químicas de vinificación aparecen en el Cáucaso (actual Georgia), donde comunidades neolíticas ya domesticaban la vid silvestre Vitis vinifera exclusivamente para producir vino.
Mesopotamia y Egipto — El cultivo de la vid se extiende hacia el sur. Elaborar vino y cerveza adquiere un peso económico, religioso y social central en estas civilizaciones antiguas.
III milenio a.C. — La península ibérica cuenta ya con viñedos propios, antes incluso de la llegada de los fenicios, que más tarde impulsarían el comercio del vino por todo el Mediterráneo.
Edad del Bronce en adelante — El cultivo de la vid se difunde desde Europa oriental hacia el resto del continente. La propia palabra «vino» viaja de lengua en lengua como un término compartido entre culturas, lo que en lingüística se conoce como wanderwort.
Actualidad — Se cultivan cerca de 5.000 variedades distintas de Vitis vinifera en el mundo. La uva se ha convertido en el cultivo frutal de mayor valor económico total del planeta.
Un dato curioso que rara vez se cuenta: en España, la variedad Aledo —cultivada en los valles del Vinalopó, en Alicante, y amparada por su propia Denominación de Origen— es la protagonista de una tradición muy concreta. Sus racimos, de piel firme y maduración tardía, son los que se embolsan a mano para llegar en perfecto estado hasta las campanadas de Nochevieja.
Cuánta uva mueve el mundo
Producción global: cifras, líderes y una tendencia a vigilar
- 74,7 M t — producción mundial de uva en 2023
- 7,5 % — de toda la fruta que se produce en el mundo
- 22 % — de la producción mundial corresponde a China
Según los datos armonizados por la FAO y la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en 2023 la producción mundial de uva alcanzó los 74,7 millones de toneladas, un 6,7 % menos que las 80,1 millones del año anterior. Fue un frenazo notable en una tendencia de crecimiento sostenido desde el año 2000, atribuido en buena parte a fenómenos meteorológicos extremos ligados al cambio climático. La FAO sitúa además a la uva como el cultivo frutal con mayor valor total de producción del mundo, muy por encima de lo que su volumen —un 7,5 % de toda la fruta producida globalmente— haría suponer.
Producción por país, campaña 2024 (millones de toneladas):
| País | Producción |
| China | 16,3 M t |
| India | 3,9 M t |
| Turquía | 3,5 M t |
| Chile | 2,5 M t |
| Argentina | 1,9 M t |
| Sudáfrica | 1,9 M t |
China concentra hoy en torno al 22 % del total mundial, desplazando a Italia —líder en 1999— del primer puesto.
Al margen del vino, la OIV distingue otros dos grandes destinos para la uva: la de mesa y la uva pasa. Su informe estadístico sobre vino, uva de mesa y uva pasa en 2024 cifra la producción mundial de uva no destinada a prensado en 38,5 millones de toneladas, de las que 33,3 millones son uva de mesa fresca y 5,2 millones se transforman en pasas. En paralelo, la producción mundial de vino se situó en 2024 en unos 225,8 millones de hectolitros, la cifra más baja en más de sesenta años y un 4,8 % menos que en 2023, un descenso que la OIV atribuye a fenómenos meteorológicos extremos y al arranque de viñedo en las principales regiones productoras. Para 2025, la propia organización ya maneja una primera estimación de entre 228 y 235 millones de hectolitros, lo que apuntaría a una recuperación de en torno al 3 %.
La uva en España
España se mueve en dos velocidades. Como país vitivinícola, su vendimia 2024 rondó los 5 millones de toneladas de uva para vino, con un repunte de la uva blanca que empujó la producción de vino blanco un 21 % respecto al año anterior. En Andalucía, por ejemplo, la cosecha de uva de vinificación se mantuvo en 110.981 toneladas, con las Denominaciones de Origen Protegidas concentrando el 64 % de la superficie y en torno al 78 % del vino producido en la región.
Como productor de uva de mesa, España ocupa un puesto destacado en la Unión Europea, por detrás de Italia —con alrededor de un millón de toneladas— y por delante de Grecia (273.000 t en 2024) y Francia (47.000 t). Según el Avance de superficies y producciones del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se cultivaron 14.865 hectáreas de uva de mesa en España, con una producción de 363.963 toneladas y un rendimiento medio de 24,49 toneladas por hectárea. Las exportaciones de ese año alcanzaron 167.245 toneladas y 448 millones de euros, pese a una caída del 9 % en volumen respecto a 2023. Murcia, la Comunidad Valenciana, Cataluña y Andalucía concentran la mayor parte de esa producción y de esas exportaciones.
Dato curioso:
El ampelógrafo francés Pierre Galet, considerado el padre de esta disciplina (la ciencia que identifica variedades de vid por sus hojas, racimos y brotes), documentó a lo largo de su carrera miles de variedades distintas.
La colección genética de vides más importante del mundo, ubicada en Francia, conserva actualmente unas 5.000 variantes de vid procedentes de 35 países, de las cuales unas 3.500 están perfectamente identificadas genéticamente.
De un accidente en una tinaja neolítica a 75 millones de toneladas repartidas entre vino, mesa y pasas: la uva ha recorrido un camino largo sin dejar nunca de ser, en esencia, el mismo fruto. Lo que ha cambiado es la escala del negocio que la rodea y los usos que le damos una vez sale del viñedo.
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